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![]() Un desconocido que respira tu mismo aire, que vive pegado a la misma pelota y bebe del mismo agua... sigue siendo un desconocido.
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Sal de ti mismo, luego, sal por la puerta de tu casa, después vete de tu pueblo, cruza la frontera de tu país, sigue viajando y emigra del continente, ahora deja la gravedad en la tierra y huye de la magnetosfera, aléjate de tu planeta, pero no dejes de mirar tu punto de partida, atraviesa el sistema solar hasta la nube de Oort, ahora te encuentras perdido en un brazo de tu galaxia, siquiera ha comenzado tu viaje, sal de esa galaxia hasta que la veas entera, hasta que veas las cien mil millones de luces que son, entre otras formaciones, sistemas solares como del que provienes, ahora ya no sabrías volver, aléjate más, verás unas 30 galaxias juntas que forman una gran luz, sigue tu viaje y la luz se desvanecerá, podrás ver cientos de miles de millones de galaxias, el camino en este punto no parece tener fin, pero cuando hayas llegado allí a la velocidad de la luz, tu casa hará millones de millones de años que dejó de existir. Nadie tiene la dicha de poseer la verdad, pero la vida es un segundo, no la condiciones a “algo” que no entiendes, tan sólo eres una chispa más de una gigantesca bengala. Navegando navegando, me he encontrado con esta galeria de fotos que me ha parecido interesante, son fotos que hablan por si solas, bajo el silencio de lo inerte gritan que no podemos seguir asi por mucho tiempo. Si exponenciamos el consumismo, acabará con los recursos de la tierra irreversiblemente. No he encontrado otra frase, en toda mi vida, más básica que esta. Admito que suena un tanto narcisista, pero refugia mucho de las tempestades. No quisiera perderla, eso significaría no creer en mi mismo y eso es como cortar la cuerda en este abismo de la sociedad. Muchas veces, cuando nada pasa como uno desea, cuando lo que uno intenta que ocurra no sucede, o ha de pagar injustas y desorbitadas cuentas por algo que no lo vale, cuando te esfuerzas por algo hasta la última exhalación respetando toda norma ética y observas que otro te lo arrebata con un sencillo aspaviento sin tener en cuenta ninguna de estas normas, es el momento en que caes sobre ti mismo, vuelves a tu pequeño lugar y procesas una y otra vez con diferentes lógicas, lógicas lógicas al principio, y absurdas lógicas ya al final, simplemente dejas de entender, Hay una canción de Natch Scratch que plantea las mismas preguntas que me planteo refugiado en ese rincón; Saco la cabeza tras haberla sacado, pero los golpes son tremendos, la ira, el odio, la desconfianza, la maldad, el desprecio, la envidia, el egoísmo, la mentira, el engaño, la burla, el abuso, la violencia, la discriminación, el orgullo, la vanidad, la inmoralidad, la avaricia, la soberbia, el rencor, la venganza, el ensañamiento, la intolerancia… caen como relámpagos en una tempestad, son palabras cuyos significados son perfectamente comprensibles, lo que no entiendo es cómo alguien guarda en si mismo alguna o muchas de ellas y es capaz de usarlas para ser feliz. No digo que en alguna ocasión no haya poseído muchas, pero siempre he sabido valorar qué sirve y qué no sirve para conseguir tus propios objetivos, aun aprendiendo, no quiero dar luz a mi camino con esas farolas, y cuando no me gusta el camino que piso vuelvo a ordenar… vuelvo ha partir de estas cuatro palabras; Yo y mi camino, es lo único que es totalmente mío. Los investigadores todavía están en desacuerdo con respecto a cuáles son las emociones que pueden considerarse primarias -el azul, el rojo y el amarillo de los sentimientos de los que se derivan todos los demás— y, de hecho, ni siquiera coinciden en la existencia real de emociones primarias—. Veamos ahora —aunque no todos los teóricos estén de acuerdo con esta visión— algunas de esas emociones propuestas para ese lugar primordial y algunos de los miembros de sus respectivas familias. •Ira: rabia, enojo, resentimiento, furia, exasperación, indignación, acritud, animosidad, irritabilidad, hostilidad y, en caso extremo, odio y violencia. •Tristeza: aflicción, pena, desconsuelo, pesimismo, melancolía, autocompasión, soledad, desaliento, desesperación y. en caso patologico, depresión grave. •Miedo: ansiedad, aprensión, temor, preocupación, consternación, inquietud, desasosiego, incertidumbre, nerviosismo, angustia, susto, terror y. en el caso de que sea psicopatológico, fobia y pánico. •Alegría: felicidad, gozo, tranquilidad, contento, beatitud, deleite, diversión, dignidad, placer sensual, estremecimiento, rapto, gratificación, satisfacción, euforia, capricho, éxtasis y. en caso extremo, manía. •Amor: aceptación, cordialidad, confianza, amabilidad, afinidad, devoción, adoración, enamoramiento y agape. •Sorpresa: sobresalto, asombro, desconcierto, admiración. •Aversión: desprecio, desdén, displicencia, asco, antipatía, disgusto y repugnancia. •Vergüenza: culpa, perplejidad, desazón, remordimiento, humillación, pesar y aflicción. No cabe duda de que esta lista no resuelve todos los problemas que conlleva el intento de categorizar las emociones. ¿Qué ocurre, por ejemplo, con los celos, una variante de la ira que también combina tristeza y miedo’? ¿Y qué sucede con las virtudes ,cuando la esperanza, la fe, el valor, el perdón, la certeza y la ecuanimidad, o con alguno de los vicios clásicos (sentimientos como la duda, la autocomplacencia, la pereza, la apatía o el aburrimiento)? La verdad es que en este terreno no hay respuestas claras y el debate científico sobre la clasificación de las emociones aún se halla sobre el tapete. La tesis que afirma la existencia de un puñado de emociones centrales gira, en cierto modo, en torno al descubrimiento realizado por Paul Ekman (de la Universidad de California en San Francisco) de cuatro expresiones faciales concretas (el miedo, la ira, la tristeza y la alegría) que son reconocidas por personas de culturas diversas procedentes de todo el mundo (incluyendo a los pueblos preletrados supuestamente no contaminados por el cine y la televisión), un hecho que parece sugerir su universalidad. Ekman mostró fotografías de rostros que reflejaban expresiones técnicamente perfectas a personas de culturas tan alejadas como los fore (una tribu aislada en las remotas regiones montañosas de Nueva Guinea cuyo grado de desarrollo se corresponde con el de la Edad de Piedra) y descubrió que todos reconocían las mismas emociones básicas. El primero, tal vez, en advertir la universalidad de la expresión facial de las emociones fue Charles Darwin, quien la consideró como una evidencia troquelada por las fuerzas de la evolución en nuestro sistema nervioso central. En la búsqueda de estos principios básicos, yo opino, como Ekman y tantos otros, en que conviene pensar en las emociones en términos de familias o dimensiones, y en considerar a las principales familias —la ira, la tristeza, el miedo, la alegría, el amor, la vergtienza, etcétera— como casos especialmente relevantes de los infinitos matices de nuestra vida emocional. Cada una de estas familias se agrupa en torno a un núcleo fundamental, a partir del cual dimanan —a modo de olas— todas las otras emociones derivadas de ella. En la primera de las olas se encuentran los estados de ámimo que, técnicamente hablando, son más variables y perduran más tiempo que las emociones (es muy extraño, por ejemplo, que uno esté airado durante todo un día, pero no lo es tanto permanecer en un estado de ánimo malhumorado e irritable desde el que fácilmente se activen cortos arrebatos de ira). Después de los estados de ánimo se hallan los temperamentos, la tendencia a evocar una determinada emoción o estado de ánimo que vuelve a la gente especialmente melancólica, tímida o jovial. Y, más allá todavía de esta predisposición emocional, están los francos desórdenes emocionales —como, por ejemplo, la depresión clínica o la ansiedad irremisible— en los que alguien se encuentra atrapado de continuo en un estado negativo. Tuve la suerte de escucharla en directo, en el palau de la música... Hizo brotar mis lágrimas, sencillamente precioso. Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata. Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil, sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar. Una de ellas dijo en voz alta: "No puedo más. Es imposible salir de aquí. Ya que voy a morir, no veo porqué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril". Dicho esto, dejó de patalear y se hundío con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco. La otra rana, más persistente o más tozuda quizá se dijo: "!No hay manera¡ Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora". Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas. Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla. Sorprendida, la rana dió un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, pudo regresar a casa croando alegremente. Gracias Ole por explicármelo Una mirada que no deja indiferente, las miradas se expresan mejor que las palabras, y ésta delata una perfecta mezcla entre odio y miedo, un fiel reflejo del sentimiento de los afganos tras los bombardeos de la Unión Soviética. Ella tuvo la irónica suerte de no morir, pero arrebataron su familia, quedó sola y le enviaron a un campo de refugiados en Pakistán, seguramente allí ya no llevó su sonrisa. Siento afecto, nació el mismo año que yo, con unos ojos mucho más bonitos, pero en un lugar mucho más castigado. Ahora vuelven las bombas a caer sobre el Líbano, ¿acaso quieren abolir las sonrisas de los niños? ¿Quieren quizás inyectarles odio y miedo para el resto de sus vidas? Una guerra no sólo mata personas, destroza de manera irreparable a los que quedan vivos. Seguramente sin el azote de la guerra veriamos esos preciosos ojos adornados con una sonrisa. Vivo… o sobrevivo, me pesa el lastre que guardo para ti, que me hace millonario en el mercado del amor, que no puedo gastar, y cada vez ahorro más, y más lastre añado, y más cuesta avanzar, y más lento el paso de los minutos, y más te busco y más te añoro, y menos te tengo, y menos me esfuerzo, y mas tiempo sin ti, y menos me queda para estar a tu lado. |
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